NORMAS

 

La relación entre la explotación de recursos fósiles energéticos naturales no renovables y el desarrollo del capital tecnológico es el núcleo duro de la dinámica del sistema capitalista de producción tecnocrática.

La idea del gran capital para financiar las corporaciones transnacionales tiene su mayor expresión en las compañías petroleras –privadas, públicas y semipúblicas. Estas son determinantes en el ciclo económico global, y su importancia está dada en que de las diez principales empresas del mundo la mitad son del sector (Revista Forbes) y su cifra de negocios casi equivale al PBI de Francia. Exxon Mobil tiene un patrimonio de u$s 440.500 millones, mucho más que los PBI de varios países desarrollados. Petrobrás es la principal empresa de América Latina y el mercado bursátil argentino se mueve al compás de YPF SA. Por supuesto, también los principales hechos de corrupción pública y privada –internacional, nacional y local- suelen anidar en esta actividad.

Por suerte, el petróleo tiene competencias digamos que minimalistas y una de las fuentes energéticas renovables y alternativas a los fósiles es la biomasa (ver figura). Las agroindustrias (sector técnico del sistema económico que transforma los productos orgánicos de la agricultura, ganadería, riqueza forestal y pesca, en productos elaborados, la industria del azúcar es una agroindustria) conforman la rama industrial que más aplica y desarrolla la biomasa como fuente energética, principalmente en Europa y para la eliminación de residuos. Por su parte, los biocombustibles muestran una tendencia a ocupar un lugar cada vez mayor en la matriz energética global, aunque su participación encontrará los límites propios de la competencia con producción de alimentos.

La biomasa contribuye un 10% al total de energía primaria que se consume en el mundo, y de este 10%, la mayoría (un 62%) es consumida por países en vías de desarrollo de formas tradicionales, como lo son, la preparación de alimentos y calefacción. Algunos estudios afirman que el potencial energético de biomasa para el año 2050 de América Latina y el Caribe, puede llegar a representar entre 17% y 26% del total mundial de energía (ver nota 1).

La producción de biocombustibles es una de las tendencias actuales predominantes del uso de la biomasa en America Latina y se orientan hacia una utilización que permita obtener eficiencias en la combustión además de limitar las emisiones de carbono a la atmosfera: 

Una civilización basada en precios de mercado -como la occidental- alienta o limita la innovación en los biocombustibles y su dimensión industrial mediante el sistema de precios. La actual tendencia bajista en los valores internacionales del petróleo puede desalentar en el corto plazo a los biocombustibles que seguirán, sin embargo, formando parte de las expectativas de producción sustentable de las organizaciones sociales sólo en la medida en que no desplacen producción aplicable a la alimentación humana. Energía y alimentación 

Cuba: la energía como bien social: confiar en la productividad para transformar la humanidad.

“¿Qué ocurrirá cuando cientos de millones de toneladas de maíz se dediquen 

a la producción de biocombustible? 

Y no voy a mencionar las cantidades de trigo, mijo, avena, cebada, sorgo y otros cereales que los países industrializados utilizarán como fuente de combustible para sus motores.”

Fidel Castro, documento “Lo que se impone de inmediato es una revolución energética”, 

La Habana, abril 2007.

Cuba desarrolló su economía al compás del monocultivo cañero que estuvo asociado estrechamente a la explotación de la naturaleza a través de la esclavitud de los africanos, la energía aplicada a la producción de caña (azúcar y ron) fue el trabajo esclavo. Detrás de cada mojito hay una remembranza africana. La leña y el propio bagazo como residuo orgánico resultante del prensado de la caña de azúcar fueron los combustibles primarios de la industria dulce. Pero Cuba siempre tuvo gran dependencia del petróleo y sus derivados. La histórica solidaridad internacional de la URSS y la actual de Venezuela son componentes existenciales para su economía. 

La década neoliberal de los 90 que devastó las estructuras socioeconómicas de América Latina se expresó en Cuba con los desabastecimientos propios de la desintegración de la URSS que produjo una caída en la economía nacional, y consecuentemente en la importación de petróleo, así como en la producción de bagazo de caña. Cuba llegó a ser un importante productor de azúcar a nivel mundial, sector que consumía una gran cantidad de combustibles fósiles y, a su vez, empleaba tecnologías provenientes de países socialistas.

La insuficiente producción nacional de petróleo hace que la economía cubana dependa de importaciones para garantizar su desenvolvimiento económico y social, tanto para para el procesamiento y obtención de los derivados del petróleo en las refinerías como en la generación de electricidad. 

Actualmente, Cuba tiene una matriz energética que depende en un 95,7 por ciento de combustibles fósiles y el 37,8 por ciento de éstos son importados. Esto genera al menos tres dificultades: altos costos para producir electricidad; contaminación ambiental y dependencia externa. Para el 2020 se espera que el veinte por ciento de la electricidad provenga de las Energía Renovables (en la actualidad alcanzan el 4,3 por ciento). Ello se logrará con el establecimiento de plantas bioeléctricas que utilizarán como combustible la caña de azúcar y el bagazo, la generación de la energía eólica y solar fotovoltaica, así como la hidroenergía, además de la optimización de la térmica y la de gas natural licuado.

Los acuerdos energéticos regionales como Petrocaribe y las asistencias de Venezuela, el acuerdo más profundo del continente, han mejorado la situación energética cubana en un sistema beneficioso para ambos países y cuya base material es el petróleo. Cuba consume diariamente 130.000 barriles (bpd) y produce apena 80.000, el saldo los compra a Venezuela –unos 53 000 barriles diarios de petróleo (2,5 millones de toneladas anuales)- y mantiene un nivel energético estable. El precio es aproximadamente 2/3 del valor internacional. Venezuela cuenta con planificación, recursos humanos y experiencia cubana en el desarrollo de amplios programas sociales en esferas de atención de la salud, alfabetización, educación, deporte, cultura y desarrollo comunitario.

Los sueños de sociedades igualitarias para un hombre nuevo, las aspiraciones humanas más equitativas y las políticas que abran el camino a la felicidad social, pasarán ineludiblemente por la capacidad de generar energía a costos razonables y en consonancia con los cuidados ambientales que permitan a las generaciones futuras disfrutar mejor de la vida social en la naturaleza. Un objetivo que resulta hoy incompatible con el estilo de desarrollo acumulativo y concentrado que plantea el capitalismo actual.

Nota 1: la ampliación de esta idea puede verse en “Producción de biomasa para biocombustibles líquidos: el potencial de América Latina y el Caribe”, CEPAL, 2007.

jorge Manuel Gil

UNPSJB, coordinador Cátedra libre de integración latinoamericana, integrante del Observatorio Universitario Patagónico de Hidrocarburos y Energía.

 Fuente Diario crónica - Comodoro Rivadavia