Uruguay: el sueño del petróleo, el esfuerzo de las energías renovables

El consumo energético es determinante de los sistemas económicos y de nuestra propia cultura y el petróleo proporciona alrededor del 35% del total de la energía consumida y es la fuente de combustión del 90% del transporte. Queda claro entonces que todo lo que gira en torno del petróleo condiciona la operatoria política de nuestro planeta. En ese sentido, el petróleo es política. Estamos viviendo en la era del petróleo y la tendencia es que la demanda supere a la oferta, lo que plantea enormes interrogantes sobre el futuro del mundo.

Cada patrón civilizatorio se basa en la tecnología de su construcción que depende -a su vez- de los consumos energéticos. Nuestra actual civilización industrial, si bien está basada en nuevas ideas y formas organizativas del capital y del trabajo, tiene su base fundamental en la instauración de una matriz energética centrada en fósiles. Las sociedades humanas reclaman cada vez más y mejor energía, energías cada vez más abundantes y sustentables en el medio ambiente.

En un mundo donde se estima que más de 2 mil millones y medio de personas (40%) no tienen energía eléctrica y en el que el 10% de la población mundial consume el 80% de la energía producida, el tema es acuciante.

Por ello, la cuestión del petróleo y la energía no puede limitarse a los aspectos técnicos, a las conveniencias económicas o a los planteos ambientales, sino que también debe incluir a las ciencias sociales, a los debates democráticos y a la propia filosofía política sobre cuál es la sociedad deseable y cómo -para alcanzarla- deberemos incluir necesariamente las relaciones con los recursos de la naturaleza.

Emerge entonces la energía como derecho humano, la necesidad de promover el acceso adecuado, seguro y a costo accesible para todos los sectores sociales y las regiones geográficas. La política energética pasa a ser una política de Estado para favorecer la inclusión y la integración social y territorial que mejora la calidad de la democracia, empoderando a los ciudadanos con información adecuada para la toma de decisiones energéticas.

Los instrumentos internacionales en materia de derechos humanos reconocen que la energía, principalmente la eléctrica, constituye un derecho humano determinante para el disfrute de una vida digna. Su carácter de bien comercial ha comenzado a entrar en duda y comienza a argumentarse que deben ser incorporados en la legislación nacional como derecho humano autónomo, garantizado por el Estado a todas las personas sin distinción.

Uruguay: la pasión por el viento y el agua en reemplazo del petróleo.

“«No tenemos cataratas, ni petróleo, ni coca, ni indios»

Mario Benedetti, en su novela Andamios, Año 1997.

Uruguay fue el país que creó la primera refinería estatal en América Latina, a través de la ANCAP en 1931. En “Las venas abiertas de América Latina” Galeano relata como el olor a petróleo impregnó la dictadura de Gabriel Terra en 1933 para anular el monopolio de la importación de combustibles y favorecer a las empresas transnacionales. También la historia petrolera de Uruguay es la de la dependencia y la sumisión.

En la actualidad, la Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland (ANCAP) es una empresa estatal responsable de realizar exploraciones marítimas y en tierra en búsqueda de hidrocarburos, así como de explotar y administrar el monopolio del alcohol y carburante nacional, e importar, refinar y vender derivados de petróleo.

En Uruguay el sector energético representa el 12% del PBI y absorbe una inversión del 3%. La participación del petróleo en su matriz energética global ha ido decayendo desde el 56% en el período 2001-2006, al 49% en 2010 y en 2015 alcanzará el 40%, un porcentaje similar al promedio mundial. 

La matriz energética mundial contiene 10% de energías renovables, en su gran mayoría leña (7%). Este año 2015, la mitad de la matriz energética global uruguaya y cerca del 90% de su matriz eléctrica serán de origen renovable. Dinamarca es el país que ha alcanzado el mayor porcentaje de energía eólica: 20% de la generación eléctrica. Uruguay -que carecía de energía eólica en 2006- superará el 25% en 2014, con 1000 MW instalados y casi el 10% de esa capacidad lo aportarán las plantas generadoras de energía de las pasteras, que transforman biomasa de manera renovable y sustentable, reduciendo el costo medio de generación eléctrica en un 30%, La energía eólica alcanza en Uruguay un precio de sólo 63 U$S/MWh, un 50% menos que en Europa, por lo que no necesita ser subsidiada, sino que ayuda a reducir costos y generar ahorros que se estiman en u$s 10.000 millones entre 2010 y 2030. 

La planta regasificadora en construcción con la terminal flotante de Puntas de Sayago (con una capacidad de producción diaria de 10 millones de metros cúbicos), las exploraciones petroleras frente a Punta del Este y los éxitos de prospección en áreas de Salto y Piedra Sola alientan reservas por más de 1.800 millones de barriles. El sueño del Uruguay petrolero se enfrenta con la realidad de los desarrollos actuales de la energía renovable. Y, como siempre, los costos prevalecerán por sobre las expectativas.

Nota 1: Claude Lévi-Strauss, (1908 -2009), pensador, etnólogo y antropólogo francés, preocupado por entender la realidad humana a partir del enfoque científico estructuralista de la sociedad.

Nota 2: la apropiación histórica del trabajo del esclavo y del siervo, así como de la plusvalía del trabajo de Marx, son formas de energía humana, previas -desde el punto de vista de la sistémica social- al aprovechamiento de las fuentes naturales de energía.

Fuente Diario crónica - Comodoro Rivadavia